
Sobran las presentaciones con Laia Sanz i Pla-Giribert (40 años, Corbera de Llobregat), una de las figuras más prominentes del deporte español. La piloto pionera en disciplinas como el trial y el enduro, icono también en el universo de los rally raids, arranca este sábado a orillas del mar Rojo, en Yanbu (Arabia Saudí), su primera participación en el Dakar con un prototipo de la máxima categoría (T1+) en coches. Una oportunidad que le llega en su quinto año sobre cuatro ruedas y después de abandonar por primera vez en 15 participaciones el curso pasado. “Este reto me ilusiona, podemos lograr cosas importantes de aquí en adelante”, cuenta la piloto catalana, que atiende a EL PAÍS en la autocaravana que comparte con el copiloto italiano Maurizio Gerini, su pareja de baile desde su desembarco en los coches en 2022. La marca que ha apostado por darle las mejores armas a Sanz es la española Ebro, participada por el coloso chino Chery y renacida de las cenizas del proyecto de Nissan en la Zona Franca de Barcelona. El prototipo, bautizado como s800-XRR, usa la base de Century, fabricante sudafricano con más de una década de experiencia en el rally. Con un plan a tres años vista, por fin puede centrarse en pilotar a tiempo completo y olvidarse de recabar apoyos y patrocinios para financiar y asegurar su presencia en la carrera. “Ver el Dakar desde casa el año pasado fue difícil, una sensación extraña. Probablemente, una de las mayores decepciones de mi vida”, apunta sobre su abandono en la primera etapa tras un vuelco que dobló la barra de seguridad de su vehículo dos milímetros por encima de lo establecido por la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). “Seguro que otros años seguí en carrera también por dos milímetros. Era algo que tenía que llegar y les ha llegado a todos los grandes campeones, y en ningún momento pensé que eso podía complicarme el futuro. He demostrado ser una piloto de garantías y ganado crédito”, añade con una sonrisa. Sanz destaca el esfuerzo de Ebro para llevar su nuevo coche, el primero para ella con tracción a cuatro ruedas, al rally de Marruecos. Aunque una apendicitis de Gerini evitó que desempolvaran su sintonía dentro de la cabina, el joven equipo de la marca pudo afinar detalles técnicos y dar un gran paso en un elemento clave como las suspensiones. A pesar de batirse en igualdad reglamentaria con los grandes favoritos a la victoria, la corberense quiere ser realista de partida. “No quiero ponerme un número en la línea de meta, todavía tenemos mucho por recorrer y mejorar. Se trata de ser inteligentes y jugar nuestras cartas. Aprovechar nuestras fortalezas y, sobre todo, no fallar en ningún momento”, asegura. Al contrario que las estructuras mastodónticas de Ford, Dacia o Toyota, Ebro deberá defenderse con un solo vehículo, un hándicap ante problemas mecánicos y los siempre temidos pinchazos. Más informaciónEl peso y responsabilidad de ser líder única del grupo no parece añadirle presión al asunto: “A nivel mental, poder trabajar a varios años vista es una descarga. Me siento más liberada y ya no tengo que pensar en el siguiente Dakar antes de terminar el presente”. A las puertas de empezar la oportunidad que tanto anhelaba, Sanz mantiene los pies en el suelo. “Ganar un Dakar son palabras mayores. Para mí, hay un montón de pilotos que te pueden ganar una etapa, pero quizás solo cinco que están para llevarse el Touareg a casa. Mira el caso de Loeb, que quizás es el piloto más talentoso del vivac y sigue sin conseguirlo”, reflexiona. Su receta es seguir dando pasos firmes después de haber logrado en 2024 una meritoria 15ª plaza en una especialidad donde no ve límites como sí los vio, sobre todo en el plano físico, cuando terminó novena en motos en 2015. “Tanto Laia como Cristina son un ejemplo. Demuestran que las mujeres tienen su lugar aquí. Es magnífico ver cómo tenemos a varias competidoras muy rápidas, con potencial para ganar etapas y, como ya pasó con Jutta Kleinschmidt en 2001, ganar algún día la carrera”, celebra David Castera, director del Dakar. “Quizás es precipitado decir que pueden ejercer de favoritas ahora mismo, pero hoy en día estar dentro de los 20 mejores en el Dakar ya es un logro mayúsculo”, puntualiza. Tanto por falta de recursos como por planificación deportiva, parece improbable que alguna de las cuatro representantes femeninas en la máxima categoría pueda luchar por la gloria definitiva ahora mismo. En el caso de Cristina Gutiérrez, la mayoría de la caravana asume que su papel en Dacia sigue siendo el de escudera de lujo de Nasser Al-Attiyah, cinco veces ganador de la prueba, el genio francés de los rallies Sébastien Loeb y el recién proclamado campeón del mundo de la especialidad y flamante fichaje de la marca, el brasileño Lucas Moraes. La piloto Laia Sanz, el pasado martes antes de partir desde Barcelona rumbo a Yanbu, en Arabia Saudí, para disputar la 48ª edición del Rally Dakar.Marta Perez (EFE)La piloto burgalesa de 34 años, campeona de su categoría en 2024 antes de dar el salto a la élite, defiende que ella peleará sin ataduras por estar entre los 10 primeros y aplaude también el ascenso de su compatriota. “Para mí, ver a Laia en esta posición era cuestión de tiempo, y sin duda se lo merece”, explica. “Ahora todavía puede destacar el ver una mujer, pero dentro de la caravana hay un cambio de mentalidad. Hemos dejado bien claro que somos rápidas y competitivas como cualquier otro piloto, y por eso cada vez somos más a pesar de las pocas plazas que hay entre los mejores”. La checa Aliyyah Koloc, de 21 años, y la portuguesa Maria Gameiro, de 47 y navegada por la española Rosa Romero, también se alinearán este año en la máxima categoría. “Lo importante es que cada año veo a más mujeres en todas las categorías, y que además lo hacen muy bien”, analiza Sanz, que este año también se ha desempeñado con nota sobre tierra y asfalto en el campeonato de España de rallies. “En muy poco tiempo hemos demostrado que, con las oportunidades adecuadas y las mismas herramientas, estamos a la altura de los mejores del mundo”, reivindica. Su deseo es poder jubilarse siendo piloto, haciendo lo que más le gusta, al igual que el incombustible Carlos Sainz, mentor e ídolo. “Aunque ahora mismo no es realista decirlo, ojalá llegue el día en que dos mujeres peleen por ganar el Dakar”, remata Sanz, que no es ajena al legado que están labrando en el desierto saudí, un país donde las mujeres apenas empezaban a conducir cuando el rally aterrizó en 2020. “Si no somos Cristina y yo, que sean las jóvenes que vienen empujando desde abajo. Lo sentiremos también como un logro nuestro al haber abierto camino, como ya lo siento ahora al ver que estoy rodeada de mujeres en el rally –pilotos, directoras, ingenieras y mecánicos– como nunca”.
Laia Sanz atrapa por fin su gran oportunidad en el Dakar: “Ojalá llegue el día en que dos mujeres peleen por ganar” | Deportes
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