
En Girona, allí donde el pelotón se resguarda estos días de las nevadas que impiden rodar bajo el gélido invierno andorrano, el flexo dibuja un brillo especial en la mirada de Derek Gee al hablar del Giro de Italia, la carrera en la que se presentó al mundo y a la que volverá esta primavera para aspirar al podio con los colores de su nuevo equipo, el Lidl-Trek de Juan Ayuso. Antes, el de Ottawa, 28 años, ha trabajado mucho para liberarse de un calvario que amenazó con terminar carrera antes de tiempo. El pasado agosto, en plena escalada de violencia en la franja de Gaza, Gee anunció su irrevocable marcha del Israel Premier-Tech, equipo del primer escalón mundial con el que tenía contrato hasta diciembre de 2028. Dirigido por el multimillonario Sylvan Adams, sionista, parte activa del establishment judío e íntimo amigo del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el conjunto ciclista demandó a Gee por lo que consideraban una violación del contrato, reclamándole 30 millones de euros por daños y perjuicios. Asesorado por el abogado neerlandés Roberto Branco Martins, Gee se mantuvo al margen del foco y decidió guardar silencio. Hasta ahora. “Han sido meses de muchísimo estrés”, revela. “Este caso ha sido un dolor de cabeza constante, un proceso en el que he vivido días muy oscuros, con momentos en los que pensé que, por desgracia, la retirada era una posibilidad muy real, más aún si tenía que hacer frente a semejante cantidad de dinero”. Derek Gee, con los colores del Israel Premier-Tech, en el pasado Giro de Italia, donde fue cuarto en la clasificación general.Dario Belingheri (Getty Images)Todo, por un divorcio que enfrentó a ambas partes en el ecuador del pasado curso. El entorno de Gee mantenía que el canadiense no era un trabajador bajo nómina en el Israel Premier-Tech, sino uno por cuenta ajena, esto es, un ciclista autónomo que en ese momento prestaba sus servicios al conjunto israelí. Dicha condición permitía a Gee desvincularse del equipo de Adams incluso sin necesidad de acudir a una de las muchas causas justas que, según su abogado, tenía para ello. El cuadro israelí, por su parte, aseguraba que, condicionado por sus agentes, Gee había roto el contrato que le mantenía unido al equipo hasta 2028. “La cruda realidad es que, sin hacer nada ilegal, me sentí atrapado por el sistema”, cuenta al otro lado de la pantalla el canadiense. “Existe una falta de claridad preocupante en el actual sistema de fichajes de la Unión Ciclista Internacional [UCI]todo es tan caótico y tan frágil que la sensación es que se está creando un modus operandi paralelo, ajeno a las normas”, añade Branco Martins, abogado del ciclista. “Es un terreno peligroso, porque basta con que una de las partes no acepte esas reglas no escritas para que todo se perpetúe en un interminable proceso judicial”, argumenta. Dicha opacidad deriva en una incertidumbre que trasciende al caso de Gee. “He recibido muchos mensajes de otros ciclistas que están preocupados por la falta de claridad del sistema. Sentimos que no hay respuestas claras, que existen demasiados tejemanejes bajo la mesa”, explica. Algo que, a ojos de su defensor legal, no solo repercute a los corredores: “También vulnera el poder de los equipos, que muchas veces se encuentran desamparados ante la fragilidad del orden establecido. Ahora, por ejemplo, muchos incluyen más y más cláusulas en los contratos para cubrirse las espaldas, pero eso en muchas jurisdicciones eso no es legal, de modo que el sentimiento de desprotección no deja de crecer”. “A mí lo que más me preocupaba era dejar claro en todo momento que el dinero no era mi motivación”, aclara el canadiense, a quien el Israel Premier-Tech ofreció prolongar el contrato en primavera. Cuarto en el Giro, Gee no se vio con fuerzas para continuar, alegando “circunstancias” que nunca llegó a asociar de forma directa con la masacre que Israel perpetraba en Gaza, pero que hacían “insostenible” su continuidad en el equipo. “Tengo mis propias creencias, pero… No hay una manera buena de expresar tu opinión política sin ser rechazado. Al final, no quería recurrir a lo que estaba ocurriendo en la franja de Gaza como un chivo expiatorio para librarme de mi contrato. No lo veía justo”. Derek Gee, el pasado 31 de mayo con el ‘maillot’ del equipo Israel durante el Giro de Italia, seguido por Richard Carapaz e Isaac del Toro.Dario Belingheri (Getty Images)La presión, en cualquier caso, fue bestial. Más aún después de una Vuelta a España en la que el conjunto israelí se convirtió en el foco de unas protestas que terminaron por boicotear la carrera. “Fue difícil verlo desde fuera, porque se puede estar de acuerdo con los manifestantes y querer al mismo tiempo que tus colegas estén a salvo”, comenta el canadiense. “En cualquier caso, el momento más duro llegó meses después, cuando se acercaba el final de la temporada, la disputa legal no se resolvía y, sin un camino claro en el horizonte, me veía sin equipo para 2026”. Fue bajo la niebla de las clásicas italianas, ya en octubre, cuando, curiosa paradoja, todo comenzó a aclararse. Allí, los agentes de Gee se reunieron por primera vez con Luca Guercilena, mandamás del Lidl-Trek. Las conversaciones llegaron a buen puerto, pero faltaba lo más importante: solucionar el conflicto legal. Así, tras meses de desavenencias, Gee y el Israel Premier-Tech llegaron a un acuerdo a comienzos de enero. Solo entonces el Comité de Arbitraje de la UCI dio por zanjado el caso, permitiendo al canadiense cambiar de aires sin tener que abonar los 30 millones de euros que demandaba su anterior equipo, denominado ahora NSN bajo la tutela de Andrés Iniesta y, según fuentes internas, sin rol asignado para Adams, que “ni aporta dinero ni es propietario”.
Derek Gee, el ciclista que huyó del equipo Israel y quedó atrapado por el sistema: “He vivido días muy oscuros” | Ciclismo | Deportes
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