El mundo asiste a la muerte de una época, una que fue en buena medida plasmada y simbolizada por Davos. Un tiempo de libre comercio, de inversiones sin fronteras, de expansión democrática, de cosmopolitismo y de alianza entre democracias atlánticas. Se afianza ahora otro tiempo que es la antítesis de aquel: fragmentación comercial y financiera, regresión democrática, nacionalismos, brutal desgarro del lazo transatlántico. Este es el sombrío contexto en el cual se celebra a partir de este martes la tradicional conferencia anual del Foro Económico Mundial en la localidad alpina suiza, con una notable asistencia de líderes empresariales y políticos, entre ellos Donald Trump, el gran capitán del asalto al mundo de antes.El presidente de Estados Unidos coincidirá en el foro con varios de los tradicionales aliados atlánticos con los cuales protagoniza hoy un tensísimo pulso que es uno de los aspectos cruciales del nuevo tiempo. Las amenazas de EE UU de hacerse con el control de Groenlandia por las buenas o por las malas han llevado la relación transatlántica a su punto más bajo desde al menos la crisis de Suez. Trump ha declarado en su red social que, después de mantener una conversación telefónica con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, prevé celebrar en Davos una reunión con representación de varias partes acerca de Groenlandia.Los líderes europeos perfilan desde hace días una respuesta contundente a la decisión estadounidense de imponer nuevos aranceles a los países que han mostrado solidaridad con Groenlandia, y el riesgo de escalada es muy elevado. El secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, dijo ayer en Davos que “no sería una idea sabia” proceder con esa represalia y recalcó que hay que tomar en serio las palabras de Trump. El presidente lo dejó claro publicando una imagen en la que se le ve plantando la bandera estadounidense en territorio de Groenlandia, con una épica parecida a la icónica foto de Iwo-Jima y un cartel que aclara que eso ocurrirá en 2026.Donald Trump, en un imagen compartida en su cuenta de su red social, Truth.Las declaraciones públicas de EE UU dan a entender que la Casa Blanca no tiene ninguna intención de frenar y considera disponer de la que, en jerga, se define como la ventaja de la escalada, es decir una mayor capacidad de sostener una espiral de medidas y contramedidas. Confía en que los europeos se paralizarán por sus divisiones internas y que, en cualquier caso, no tienen capacidad de sostener el pulso.En Davos está prevista la participación de Friedrich Merz (Alemania), Emmanuel Macron (Francia), Mark Carney (Canadá), Ursula von der Leyen (Comisión Europea), entre muchos otros. Pero también estarán en Davos aliados políticos de Trump como Javier Milei (Argentina) o el opositor británico Nigel Farage. De especial interés será el desempeño de Giorgia Meloni, teóricamente cercana a Trump en términos ideológicos, pero que muestra claros síntomas de incomodidad con sus políticas y una voluntad de mantener perfil de fiabilidad ante los socios europeos. Está previsto que acuda, aunque trata de evitar ser considerada como participante de un foro contra el cual, como líder soberanista, lanzó ácidas críticas durante mucho tiempo, como Farage.Al margen del programa oficial, hay expectación acerca de reuniones del presidente de la Casa Blanca con Von der Leyen y con Mark Rutte, el secretario general de la OTAN. Otro protagonista en Davos será el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. Todo apunta a que el pulso entre europeos y EE UU puede tener como consecuencia una reducción del apoyo estadounidense a Kiev. La Casa Blanca juega hábilmente con la ventaja de la dependencia europea en materia de seguridad —y en concreto con la crisis desatada por la invasión rusa— para obtener ventajas en otros asuntos, sea Groenlandia o en el sector tecnológico.Precisamente el sector tecnológico estará nutridamente representado en Davos, con líderes como Jensen Huang de Nvidia, Satya Nadella de Microsoft, o Alex Karp director ejecutivo de Palantir, compañía fuertemente imbricada con el proyecto trumpista, sea por la vía de los negocios —contrato de 10.000 millones de dólares con el Pentágono para desarrollos ultrasensible en materia de software, datos e IA- sea por la vía ideológica. El presidente de Palantir, Peter Thiel, ha declarado que democracia y libertad son incompatibles.Significativamente, en la Promenade, la calle principal de Davos, donde se congregan las casetas de representación de gobiernos o empresas, la USA House se yergue justo enfrente del inmueble de Palantir. La gráfica de la caseta estadounidense luce un perfil de águila con un diseño y un tamaño que transmite un fortísimo sentido de agresividad.Las perspectivas de la IA, el dilema acerca de su capacidad de generar mejoras de productividad y, por tanto, beneficios suficientemente rápidos e intensos como para justificar las enormes inversiones que se están haciendo, será sin duda uno de los elementos centrales de la cita. No obstante, la inquietud geopolítica parece dominar el horizonte.Por supuesto, no solo el mundo occidental estará representado. El Foro cuenta con la participación del vice primer ministro de China, He Lifeng, los presidentes de Indonesia (Prabowo Subianto), Egipto (Abdelfatá Al Sisi), Siria (Ahmed al Shara), entre otros. Previsiblemente, Pekín tratará de poner aún más el acento sobre su tradicional guion de mostrarse como un socio responsable de la comunidad internacional, trabajo muy facilitado por la voladura que está orquestando la Casa Blanca. Muchos están repensando su lugar en el mundo a raíz de ella, y en esa reconsideración cabe un acercamiento a China, como el que protagonizan Canadá o la India.El ministro de Exteriores de Irán, Abbas Aragchi, también figuraba en el programa, pero el Foro Económico Mundial anunció en la mañana del lunes que le ha retirado la invitación, alegando que esta fue extendida en el otoño pasado, pero que la “trágica pérdida de vidas en las últimas semanas significa que no es justo que el Gobierno de Irán esté representado”.

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