
Nace este 2026 para Carlos Alcaraz de la misma forma que cerró el curso anterior: con una exhibición. Esta vez en Corea del Sur y, al otro lado la red, replicando nada más y nada menos que Jannik Sinner. Ahora bien, el cartel no conduce a nadie a engaños: mero show. Las modernidades de hoy. Después de cruces aquí y allá, batiéndose los dos en los escenarios más fastuosos del circuito y repartiéndose el gran pastel, se reencuentran para abrir la temporada en un marco sintético y lúdico, que no competitivo, aderezado también de una jugosa cifra que engrosará su cuenta corriente. En concreto, los aproximadamente 2 millones de dólares por cabeza que menciona La Gazzetta dello Sport.En un calendario de por sí saturado, las exhibiciones continúan ganando el protagonismo que de manera casi proporcional van perdiendo los torneos de perfil intermedio o menor. Mientras estos luchan por subsistir o evitar la irremediable pérdida de peso, los talonarios captan con facilidad a las figuras. Se compite estos días en Brisbane, Adelaida, Auckland o Hong Kong, pero el foco apunta este fin de semana hacia Seúl, donde los dos gigantes pelotean y se divierten durante poco más de hora y media (7-5 y 7-6(6) que termina traduciéndose en un entrenamiento de alto nivel. Pachanga de alto intensidad, a ratos. Nada más. Disfrutan de los trucos los 12.000 asistentes del Inspire Arena, de 100 a 700 euros la entrada.Más informaciónY sonríe finalmente Alcaraz, esta vez vencedor. “La rivalidad que tengo con Jannik es un regalo”, afirmaba el día previo el de El Palmar. “No hay mejor manera de empezar el año que jugar contra Carlos”, le correspondía el de San Cándido, quien hasta ahora ha exprimido el formato como nadie, teniendo en cuenta que su doble triunfo en el bolo otoñal de Riad (Six Kings Slam) le ha reportado la friolera de 12 millones de euros (10,3 de euros), a lo que se añade este otro pellizco asiático. Es decir, cada minuto vale oro para los organizadores, quienes no tienen reparo alguno en repartir los cheques con tal de reunir a los dos fenómenos sobre la pista, o al menos a uno de los dos.Sinner y Alcaraz juegan al pimpón durante un acto promocional.JEON HEON-KYUN (EFE)Alcaraz, por ejemplo, selló 2025 en Nueva Jersey y Miami, y previamente exhibió amistosamente su tenis en Costa Rica (marzo) y también en Arabia Saudí (octubre). Antes ya lo había hecho en la Monumental de Ciudad de México (2023) o en el Madison Square Garden de Nueva York (2024). “Es normal que la gente no entienda por qué nos quejamos del calendario y luego jugamos las exhibiciones”, comentaba el número uno hace tres meses, en Riad; “un torneo es muy exigente tanto física como mentalmente, son dos semanas. En cambio, una exhibición es solo un día. Simplemente hay que mantener la concentración, calentar y entrenar poco y solo para un partido”.Desencuentro de fondoEl caso es que este tipo de eventos sigue ganando relieve y las citas de perfil intermedio continúan difuminándose. Los Grand Slams, los Masters 1000… y las exhibiciones. Siempre estuvieron ahí, primero en busca de la popularidad y luego con el impacto del sueco Björn Borg o el empuje mediático de los noventa, pero ahora amenazan con ganar todavía más terreno y resonancia a raíz del desencuentro entre los tenistas — principalmente los jugadores de primera línea— y los grandes torneos. Los actores reclaman un porcentaje mayor (un “aumento sustancial”) de los premios y los majors van estirando la cantidad, que aún se antoja demasiado corta visto lo visto. Seúl, otra muestra.Sinner y Alcaraz, durante la conferencia del viernes.JEON HEON-KYUN (EFE)Alcaraz y Sinner se han embolsado —siempre según la información de La Gazzetta— 2 millones de dólares por 1h 46m de juego a medio gas; es decir, a casi 38.000 euros el minuto de espectáculo. Próximamente, uno y otro aspirarán a los 2,4 millones de euros que otorgará el Open de Australia al campeón de este año por dos extenuantes semanas de intensidad y tensión. Dentro de la atmósfera ultraeconómica que prevalece en el deporte de hoy, el desequilibrio se remarca y pese a la escasez de fechas y el desgaste acumulado, los símbolos del presente —también los del ayer— siguen adhiriéndose al formato y renunciando a otras ventanas de la competición regular.Tanto Sinner (24 años) como Alcaraz (22) aterrizarán en Melbourne para disputar el primer grande de la temporada sin haber competido previamente en ningún escenario oficial, del mismo modo que lo hará Novak Djokovic, aunque en el caso del serbio (38) prevalece el argumento físico. Por estas fechas, ningún torneo ha sonado más que el de este sábado en Seúl, o acaso la postiza Batalla de los Sexos que protagonizaron recientemente en Dubái el australiano Nick Kyrgios y la número uno mundial, la bielorrusa Aryna Sabalenka. A pesar de que no trascendiera la cifra del premio en metálico, se sospecha que ambos —él, tenista pseudoretirado— sacaron una cuantiosa tajada de un sainete que fue criticado en fondo y forma.DE LA MOQUETA A MELBOURNEA. C.El paso de Alcaraz por Seúl ha sido exprés. Apenas 48 horas en las que jugó al pimpón con Sinner, degustó la comida local y atendió un par de compromisos comerciales antes del cruce amistoso con el italiano. En este sentido, poca o ninguna conclusión de fondo se puede extraer. En todo caso, llama la atención que a solo una semana del inicio del Open de Australia, del 18 de enero al 1 de febrero y sobre asfalto aturquesado, la superficie escogida por la organización fuera la moqueta noventera. En consecuencia, mucha velocidad y un amago de resbalón del transalpino que le obligó a multiplicar la atención en la pisada.Ambos se dirigirán de manera inmediata a Melbourne y este mismo domingo se ejercitarán en las instalaciones del complejo oficial. Alcaraz inicio su pretemporada el 13 de diciembre y la finalizó el día de Reyes, antes de volar a Corea del Sur. Durante esos días se pulió en la Real Sociedad Club de Campo de El Palmar con Flavio Cobolli, Roberto Bautista y Pedro Martínez.
Alcaraz, Sinner y un ‘bolo’ a 38.000 euros el minuto en Corea del Sur | Tenis | Deportes
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