
Cristina Monge es la ganadora del II Premio Paidós de ensayo por la obra Contra el descontento. Por una alianza para construir futuros deseables. El resultado de la deliberación se anunció este miércoles en la Fundación Foto Colectania, en Barcelona, y el libro se publicará en Paidós el próximo 25 de febrero. Monge, politóloga y socióloga, es profesora de la Universidad Complutense de Madrid, columnista de EL PAÍS y colaboradora de la Cadena SER. Es también presidenta de la asociación Más Democracia. Al premio se presentaron 249 obras y está dotado con 35.000 euros. Más informaciónEl libro, como su nombre indica, es una llamada contra el descontento, un descontento que, aunque ya existía antes de la crisis de 2008, en esa fecha de derrumbe financiero (inicio para muchos de esta policrisis) sufrió un punto de inflexión, un gran crecimiento que nos ha llevado a esta sensación de futuro abolido y de auge del totalitarismo por las cuatro esquinas del planeta, con Donald Trump, desatado, a la cabeza. “Conocemos bastante bien las causas del descontento”, dijo la premiada en conversación con la periodista Begoña Gómez Urzaiz, “yo hice mi tesis doctoral sobre el movimiento 15M, del que han pasado 15 años, y muchos de los malestares ya eran visibles, pero no se les consigue dar salida. Así que creo que es la hora de pasar la página del desánimo y acabar con esta crisis de imaginación política”. Cristina Monge con el premio Paidós, el 21 de enero de 2026, en Barcelona.Daniel Portes (Rectimepro)Monge le da especial importancia a la crisis de la confianza (recientemente la filósofa Victoria Camps ahondó en ella en La sociedad de la desconfianza, publicada por Arpa): “La crisis de la democracia es una crisis de confianza: no confiamos en las instituciones, ni en la mediación, ni en nosotros mismos como sociedad”. Tenemos también que confiar en que hay alternativa, más allá del viejo eslogan de Margaret Thatcher, casi piedra fundadora de esta época: “No hay alternativa” (TINA, por sus siglas en inglés, lo que Mark Fisher llamó realismo capitalista). La autora cree que sí hay alternativa, que siempre la hay, y que esa alternativa debe incluir la preocupación medioambiental: “La crisis medioambiental no es que acabe con el planeta, es que acaba con las personas”, dijo, “más allá de lo físico, erosiona la convivencia y genera conflictos, sirve como caldo de cultivo al auge del autoritarismo”. Y, por supuesto, la alternativa que negaba la Dama de Hierro debe incluir el feminismo: “El feminismo es un ganar-ganar. Se remueven los cimientos del poder, algunos pueden pensar que va a perder poder porque van a tomarlo ellas, pero a largo plazo una sociedad feminista, más igualitaria, es mejor para todos: para nosotras y ellos, para los que estamos y los que vendrán”. También apuesta Monge por los valores de la libertad (bien entendida, más allá de “salir a tomar unas cañas”), la igualdad o la solidaridad. Unos valores difíciles de reivindicar, porque son los que se han venido enarbolando desde aquella Ilustración que la derecha radical parece ahora decidida a revertir. ¿Cómo hacerlo? “Repensándolos”, responde Monge a este periódico, “hay que repensar la idea de progreso, por ejemplo, relacionando el PIB no solo con el crecimiento económico, sino con el bienestar de las personas. O convenciéndonos de que se pueden poner reglas a las grandes empresas tecnológicas. Y, sobre todo, reconociendo dónde esas ideas han fallado”. Si bien los nuevos autócratas, como Donald Trump, parecen actuar de manera impulsiva, radical, sin ningún respeto por las instituciones establecidas (mientras que las redes se llenan de memes burlones sobre los templados informes, análisis y declaraciones de la Unión Europea, de la política tradicional), Monge está convencida de la utilidad de la política para resolver los problemas comunes. “Es que todo lo que nos horroriza del trumpismo es que es un ejercicio de antipolítica. Así que, aun siendo una idea muy a contracorriente hoy en día, soy defensora de los partidos políticos. Y dada la situación, creo que es momento suficientemente importante para implicar también a la cultura, el pensamiento, la sociedad civil… No somos conscientes de la fuerza de la sociedad civil en Occidente”. Monge también hace un llamamiento a olvidar los enfrentamientos que muchas veces se promueven entre los que vienen de afuera y los que están aquí (muchas veces causados por la aporofobia, el odio al pobre, acuñado por la filósofa Adela Cortina, entre el público) o entre miembros de diferentes generaciones: “La cosa no va de jóvenes contra pensionistas”, dijo la premiada, que también hizo mención a su hijo Jorge, de 20 años, también entre el público, como ejemplo del ese 75% de los jóvenes que no caen en las tendencias de extrema derecha: “Tenemos que darnos cuenta de que, aunque lo más llamativo sea el crecimiento del autoritarismo en esa franja, la mayoría de los jóvenes tienen otro compromiso”. Pone como ejemplo a aquellos que acamparon en las universidades y organizaron protestas por el genocidio en Palestina. El jurado estuvo formado por Adela Cortina, Adolfo García Ortega, Gabriel Rolón, Elisabet Navarro y el reciente premio Cervantes Gonzalo Celorio. El premio se entregó por primera vez el año pasado, coincidiendo con el 80 aniversario de la editorial: la ganadora fue la filósofa argentina Tamara Tenenbaum con la obra Un millón de cuartos propios, basada en el célebre Un cuarto propio de Virginia Woolf.
Cristina Monge gana el Premio Paidós con un ensayo contra la abolición del futuro: “Hay una crisis de imaginación política” | Cultura
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