A 1 de enero de 2014, 72 niñas nacidas en España habían recibido el nombre de Arya. Quiero dar por hecho que el nombre procede de la pasión de sus madres y padres por Juego de tronos y no de otras siniestras aficiones, así que, con esos mimbres, no me resulta difícil imaginar a un buen puñado de hoy adolescentes llamadas Arya, sentadas ayer frente al televisor, por deseo expreso de sus padres, viendo el primer episodio de El caballero de los siete reinos, la última serie surgida del universo creado por George R. R. Martin, post Juego de tronos, adaptación de Los cuentos de Dunk y Egg, y segunda estrenada hasta la fecha, después de La casa del dragón, cuya tercera temporada se estrenará el próximo verano. Tráiler de la serie ‘El caballero de los Siete Reinos’Es comprensible que HBO Max alimente el universo de Poniente presumiendo una masa importante de público cautivo, yo misma lo soy. Pero el secuestro clave aquí no es el del espectador, que, soberano, aunque tienda a acercarse a lo que ya conoce y disfrutó, puede cambiar de opinión. El verdadero rapto que parece no tener fin es el de Hollywood por parte de lo que llamamos IPs (Intellectual Property): novelas, cómics, personajes, marcas, secuelas, precuelas, universos… Cualquier elemento preexistente que trasladar a una película o a una serie para tratar de minimizar el riesgo de producción y contar con una base de público que acudirá a tu llamada, como esos padres que yo imagino sentando a sus Aryas frente a la tele. Por supuesto, que una serie o una película sea una obra derivada de una IP no la hace ni mejor, ni peor, ni siquiera parecida al resto de obras del mismo universo, para muestra el tono de comedia de El caballero de los siete reinos. Pero el paroxismo al que ha llegado el sector con este asunto está dando lugar a producciones sin sentido cuya única razón de ser es preexistir de algún modo. Ojo a la paradoja ontológica: llegas a ser porque ya eras. Del asunto de las IPs ya se rio The Studio con la película de Kool Aid. Mientras tanto, ideas originales en todos los sentidos languidecen en discos duros. Cuántos compañeros guionistas se plantean escribir novelas con sus ideas para series y películas porque saben que, aunque no tengan éxito editorial, les allanarán el camino para tratar de venderlas como guiones. ¿Nadie quiere que le escriba Actimel, la película?
‘El caballero de los siete reinos’: cría una IP y échate a dormir | Televisión
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