Más de una decena de veces, Andrés Manuel López Obrador habló en contra del fracking —o fractura hidráulica— para extraer hidrocarburos del subsuelo, principalmente gas, una práctica que Pemex venía explorando desde años atrás. Como candidato presidencial y luego como mandatario, el fundador de Morena demostraba tener muy claro su rechazo al método de extracción, considerado muy dañino por las organizaciones ambientalistas nacionales e internacionales. Hacia el final de su mandato, en 2024, López Obrador envió al Congreso una iniciativa de reforma para prohibir el fracking en la Constitución. La norma no se aprobó, a pesar de la mayoría legislativa de Morena. Desde el Congreso, el oficialismo pasó por alto esa reforma, que hubiera puesto un candado a la práctica del fracking en el país. Esa ventana permite ahora al Gobierno de Claudia Sheinbaum colar un gran giro en la política energética y retomar la técnica para extraer gas y aceite. La Administración de Morena ultima los detalles de este viraje, adelantado por EL PAÍS el miércoles. El objetivo responde a la necesidad de rebajar la dependencia de las importaciones de gas estadounidense, el principal proveedor de México. El plan presentado a la mandataria indica que Pemex, la petrolera estatal, ya ha identificado grandes reservas de gas y aceite en yacimientos de Coahuila, Tamaulipas y Veracruz, cuya extracción contribuiría a la meta sexenal de producir 1,8 millones de barriles diarios de hidrocarburos. El giro morenista anticipa una dura pugna ante la opinión pública: externamente, con las organizaciones ambientalistas, muchas de las cuales apoyaron la carrera de López Obrador al poder; e internamente, hacia los cuadros de Morena más duros, aquellos que tienen una agenda cercana a los movimientos progresistas y comunitarios.Legisladores dentro del bloque gobernante adelantan su rechazo a los planes del Ejecutivo a favor del fracking. Es el caso del diputado Manuel Vázquez Arellano, de Morena, que a mediados de octubre de 2024 —en el arranque del sexenio de Sheinbaum— organizó, junto a activistas y otros legisladores morenistas y del PT, un foro de abierto rechazo a la fractura hidráulica. Realizada en la Cámara de Diputados, se trató de una plataforma para denunciar los efectos perniciosos de la técnica sobre el agua, la tierra y la fauna. Vázquez Arellano precisa que, antes de organizar aquel foro, varios legisladores visitaron en Midland y Odessa, Texas (Estados Unidos), zonas donde es extensa la presencia del fracking, y constataron, con la guía de científicos, las repercusiones sobre el entorno, no solo en el suelo, sino en lo referente a los gases arrojados a la atmósfera.Como resultado del foro, y haciendo eco de López Obrador, que ya había salido del Gobierno, un grupo de legisladores de Morena y el PT redactó una iniciativa de reforma para prohibir el fracking en la Carta Magna, con el respaldo de cincuenta diputados de ambas bancadas. La propuesta enviada por López Obrador seguía latente, aunque aún no se aprobaba. Saltan las interrogantes de por qué el oficialismo redactaba una nueva iniciativa en el mismo sentido. Reginaldo Sandoval, uno de los dirigentes del PT, ya daba por entonces muestras de desconfianza sobre la postura de la naciente Administración Sheinbaum en torno al tema. “Confiamos, obviamente, en nuestro hermano, nuestros compañeros de Morena, que aquí están quienes harán el cabildeo al interior de ese grupo parlamentario”, dijo. El diputado Vázquez Arellano confirma que advirtieron las señales cruzadas. “Expresamos nuestra preocupación cuando vimos que no se le daba trámite a la iniciativa del expresidente. Y para rescatar el tema, hacer eco, hicimos el foro. Pero a nuestra iniciativa tampoco se le ha dado trámite. O sea, no tenemos el respaldo de nuestro coordinador, no hay respaldo institucional [del partido]”, reconoce. El proyecto de avanzar en el fracking no requiere prácticamente de reformas que pasen por el Congreso. A lo mucho, leyes regulatorias en materia ambiental o fiscal para hacer viables las inversiones privadas. Vázquez Arellano adelanta que no dará su apoyo a esas enmiendas ni tampoco participará en una evangelización a la inversa, donde los morenistas tengan ahora que hablar ante los votantes a favor de la fractura hidráulica. Su compañera de bancada Xóchitl Zagal, que también participó en la redacción de la iniciativa contra el fracking, habla en el mismo sentido. “Yo me manifiesto totalmente en contra de esa técnica. Es un no-negociable. Así venía en la iniciativa del expresidente López Obrador, y coincide con mi criterio ético, político y moral, y eso lo seguiré manifestando todo el tiempo y no voy a cejar en el camino”, refiere en entrevista. En la trinchera del Partido del Trabajo (PT), aliado fundamental de Morena para ganar elecciones, sostienen que, de concretarse el cambio de rumbo del Ejecutivo hacia la fractura hidráulica, mantendrán intacta su postura en contra, como hicieron en el sexenio de Enrique Peña Nieto, que dio total apertura a dicha práctica de extracción. “Nuestra posición sigue siendo la misma; fui diputada cuando se autorizó el fracking y seguimos pensando lo mismo, que es una medida no adecuada que impacta profundamente el medio ambiente”, sostiene la diputada petista Lilia Aguilar. Las posibles afectaciones en las zonas de Coahuila, Veracruz y Tamaulipas en las que se proyecta activar la extracción no convencional enciende las alertas. “No puede practicarse, porque es una medida de explotación barata con un impacto demasiado costoso para el medio ambiente”, insiste la legisladora. El Verde Ecologista, a favor No todo es rechazo dentro del bloque gobernante. El Partido Verde Ecologista de México (PVEM), el tercer aliado electoral de Morena, recibe con los brazos abiertos el cambio de actitud. “Lo que está haciendo [la presidenta] es corregir el camino. Se perdieron siete años muy valiosos. La producción del petróleo en México ha venido a la baja de una forma alarmante”, afirma el senador Luis Armando Melgar, que precisa que esa es la postura institucional de su formación. Viniendo de un partido que se presume ecologista, esta entrega a una técnica tan cuestionada llamaría la atención, pero, en México, el PVEM es considerado un partido más cercano a los intereses del gran capital que del medio ambiente. “[El rechazo al fracking] es una posición ideológica que no tiene nada que ver con la realidad económica, esa es la que debe prevalecer en beneficio de México, y no andar con poses ideológicas trasnochadas y absurdas que no sirven y no llevan a nada”, incide Melgar. El senador cuestiona el impacto ambiental de la polémica técnica, y defiende que los procesos de mitigación han mejorado. “No podemos asumir que el fracking, por definición, significa contaminación. Si se hace con todos los cuidados y bajo las normas internacionales, estaríamos totalmente de acuerdo”, refiere. Mientras que los legisladores de Morena y el PT críticos reconocen que el giro de este Gobierno a favor del fracking no se les ha comunicado, como para avanzar un consenso dentro del bloque gobernante, Melgar dice que su partido sí estaba al tanto de las gestiones. “Sabíamos de las pláticas y de la idea que está prevaleciendo en esta Administración”, dice el legislador verde. Las invitaciones a sentarse a la mesa se mandan por separado.

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