
La propagación de microplásticos por todo el planeta, hasta introducirse en el cuerpo humano, es un problema real. Sin embargo, hay científicos que alertan de que algunas de estas investigaciones, que han conseguido mucho impacto en los medios, exageran mucho la realidad. El último ejemplo es un estudio publicado en Nature este miércoles que concluye que las mediciones teóricas de la cantidad de microplásticos que llegan a la atmósfera pueden estar muy sobredimensionadas: entre 100 y 10.000 veces. No hay duda de la contaminación por microplásticos hasta el último rincón del globo. En gran parte, se debe justamente a las micropartículas de polímeros que llegan al aire y que pueden viajar largas distancias por la atmósfera hasta alcanzar los puntos más remotos de la Tierra. Para estudiar el problema, resulta clave entender los movimientos planetarios de estos plásticos diminutos. El trabajo de Nature, escaparate de la mejor ciencia mundial, pone el foco en la complejidad de medir algo tan pequeño y en que tampoco existen unos protocolos de muestreo universales. Para cuantificar las emisiones atmosféricas, a menudo se utilizan inventarios y modelos teóricos, basados en estimaciones a partir de datos de actividades humanas (como el número de coches, con el que se deduce una cantidad de micropartículas desprendidas de neumáticos). El estudio, realizado por la Universidad de Viena (Austria), recopila 2.782 mediciones reales de concentraciones en el aire o deposiciones de microplásticos efectuadas entre 2014 y 2024 por todo el mundo para compararlas con estimaciones anteriores de inventarios y llega a la conclusión de que se están utilizando unos datos inflados entre dos y cuatro órdenes de magnitud. También muestra que las emisiones de micropartículas plásticas desde los océanos son menores de lo que se piensa y que hay muchas más que salen de las áreas terrestres.“Las entradas de plástico en la atmósfera están muy sobredimensionadas porque los cálculos están mal hechos. El estudio no lo dice de forma tan clara, pero es obvio que están mal hechos”, comenta Roberto Rosal, catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá. “El problema con las estimaciones de inventarios teóricos es que las cifras están muy infladas debido a las incertidumbres en los factores de emisión”, incide este especialista en microplásticos, que se muestra muy crítico con algunos estudios científicos de alto nivel sobre este tipo de contaminación. “Este es un tema muy complejo y sucede que los resultados que son más sensacionalistas tienen mucho más eco en los medios y se publican mucho más, la propia revista Nature publica mucha morralla sobre plásticos”, asegura.Por su parte, Isidro A. Pérez, catedrático de Física Aplicada en la Universidad de Valladolid, señala a Science Media Center (SMC) España que “este estudio, pese a su interés y relevancia, debiera tomarse con cautela”. Entre las dudas que le suscita este trabajo, plantea que “los datos medidos corresponden a estudios realizados durante un intervalo en que las emisiones pueden haber cambiado”.También en nuestro organismoEl propio rango tan amplio del sobredimensionamiento de las estimaciones dado por los investigadores austriacos, entre dos y cuatro órdenes de magnitud (entre 100 y 100.000 veces), muestra la complejidad de estas mediciones. En cualquier caso, las dudas sobre estos cálculos teóricos coinciden en el tiempo con el cuestionamiento de unas mediciones todavía más difíciles, las que rastrean microplásticos en el interior del cuerpo humano. En concreto, una investigación de The Guardian señala reiteradas críticas por resultados exagerados o errores en algunos estudios científicos de alto nivel que han detectado estos polímeros ínfimos en cerebros, la arteria carótida, testículos, sangre… Según incide el diario británico, “las micro y nanopartículas de plástico son diminutas y están al límite de las técnicas analíticas actuales, especialmente en tejido humano”. La investigación periodística no considera que haya mala praxis, pero asegura que algunos científicos han expresado su preocupación “por la prisa por publicar resultados”, en algunos casos por parte de grupos con poca experiencia analítica, lo que en ocasiones ha llevado a resultados apresurados y pasar por alto comprobaciones científicas rutinarias.Como explica Emma Calikanzaros, científica de ISGlobal, “este campo de investigación es muy joven y no tenemos todavía muy claro cómo hacerlo bien en el laboratorio”. “Hay diferentes problemas, uno de ellos es que todo en el laboratorio está hecho de plástico: si no controlamos la contaminación, el material del ambiente puede provocar una sobreestimación de microplásticos en los resultados”, precisa la investigadora, que estudia la contaminación de nano y microplásticos en humanos y que acaba de publicar un estudio sobre la exposición de estas partículas ínfimas en 50 adultos de Barcelona. “Muchas veces, en los estudios esto no se controla”, explica Calikanzaros. “Otro problema son las máquinas que utilizamos para medir, pues la microscopía solo sirve para identificar los microplásticos más grandes”, añade. “Se usan instrumentos como la espectrometría de masas que miden firmas químicas que pueden salir de los microplásticos, pero también de otras moléculas. Por ejemplo, las grasas que tenemos en el cuerpo están hechas de carbono e hidrógeno, como los microplásticos, esto puede generar errores”.En el caso de la investigación con sujetos de Barcelona de esta investigadora, si bien la muestra estudiada es muy reducida, encontraron restos de plástico en la orina y los excrementos del 52% de ellos. No hay duda de que los plásticos están entrando en el cuerpo humano. Aunque, supuestamente, el problema no está tanto en los que se evacúan en la orina y las heces, sino en los más pequeños que se pueden acumular dentro, y que resulta más difícil de confirmar. “Estamos seguros de que los microplásticos están por todas partes y que entran en el cuerpo humano, pero no estamos seguros del nivel y no podemos estar seguros de estudios que no controlan la contaminación en el laboratorio. Y lo que no sabemos nada es del impacto que tienen en la salud”, resume Calikanzaros, que opina que no deben desecharse todas las investigaciones puestas en cuestión, pues considera que “en algunos casos, no lo podemos hacer mejor por el momento, así funciona también la ciencia”.Rosal se muestra más crítico. “Esto se venía venir de lejos, pues estas exageraciones llevan comentándose mucho en congresos y reuniones científicas”. “Analizar plásticos por debajo de unas decenas de micras en el cuerpo humano es imposible, y por encima es absurdo, porque no tenemos mecanismos para internalizar esas partículas. Esto es el principio de Sagan, los hallazgos sorprendentes requieren de pruebas extraordinarias”, afirma.Como subraya el catedrático de la Universidad de Alcalá, “el problema del plástico es real, pero si exageras demasiado la gente acaba por no creerte”. Según señala, a veces ni siquiera deber darse un error de cálculo para interpretar de forma exagerada la realidad. Y pone como ejemplo mediciones de deposiciones atmosféricas efectuadas por él mismo en diversos puntos de España, en las que encontró que en la Puerta del Sol de Madrid caían cada día un millón de micropartículas de plástico. “Un millón parece que es algo tremendo, que vamos a morir todos”, cuenta el investigador. “Pero hicimos los cálculos y todas esas partículas representaban unos 200 miligramos de plástico, tanto como el envoltorio de un caramelo”.
¿Es tan grave la amenaza de los microplásticos? El problema es real, pero varias investigaciones denuncian que las cifras están infladas | Clima y Medio Ambiente
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