Las escenas de karaoke en las películas suelen dejar huella. Seguro que alguno se identificó con Joseph Gordon-Levitt desafinando, borracho, en un bar abarrotado de gente en (500) días juntos, mientras intentaba impresionar a una chica; o con Renée Zellweger en El diario de Bridget Jones, cuando el personaje que interpreta se desgañita con Without You en la fiesta de empresa delante de sus compañeros y de su jefe. Es más complicado reconocerse en la escena de Scarlett Johansson en Lost in Translation, no tanto porque ella canta bien, sino por el ambiente de la sala de karaoke de Tokio en la que está con Bill Murray: recogida, íntima, privada. Hasta hace poco, un sitio así solo parecía posible en la ajetreada capital de Japón, pero ahora se puede emular la escena en España. Y ni siquiera es ya algo excepcional. “Desde que abrimos en España hace seis años, no hemos parado de crecer. El año pasado tuvimos más de 100.000 clientes entre los dos locales que tenemos en Madrid. Al final, es un concepto que cada vez se conoce más y a la gente le gusta mucho”, explica Álvaro Mazón, country manager de BAM Karaoke Box. Esta compañía cuenta con 10 espacios con salas de karaoke privadas repartidos por París, Burdeos, Londres y Madrid. Lugares que nada tienen que ver con la extendida idea de terminar en el karaoke más cutre de la ciudad a las tantas de la madrugada, cantando por Nino Bravo junto a un desconocido, con el micrófono en una mano y la copa de garrafón en la otra. “BAM Karaoke Box trae a Madrid las salas privadas donde con cócteles, comida y amigos puedes cantar la canción más bonita del mundo, sin necesidad de que entones como una estrella del pop. Como las salas privadas del karaoke clásico japonés, pero con la fiesta de la noche madrileña y el très chic francés”, describen su concepto en su página web. Más informaciónLa idea de exclusividad detrás de esta idea va más allá de una decoración instagrameable y una carta que ofrece, por ejemplo, un pack de champagne y tabla de quesos para ocho personas por 87 euros. El privilegio que vende y que cada vez convence a más gente es el de pasar el rato con un círculo cercano y cerrado de personas, sin tener que soportar los cánticos de desconocidos ni competir con ellos por un hueco en la barra. “Yo, por ejemplo, canto fatal y el karaoke tradicional no me gusta”, cuenta Mazón. “Cantar delante de 100 personas que no conozco no me gusta nada. Y creo que eso le pasa a mucha gente, por eso cada vez tiene mejor acogida”, opina.Entra en juego, por tanto, el factor de la confianza. Hay quienes no es que no tengan entre sus prioridades conocer gente nueva a la hora de salir, sino que directamente lo evitan. El disfrute está en estar con los amigos, no en hacer nuevos. “Las nuevas generaciones están más habituadas a cierto individualismo y eso tiene su repercusión en el ocio”, comenta el psicoterapeuta Sergio García, con consulta en Madrid. “Las personas introvertidas ahora también están viviendo de alguna manera su época dorada porque pueden salir y hay un consumo pensado para ellas”, añade.Una de las salas de karaoke privadas de BAM Karaoke Box, en Madrid.Albin DurandEl de BAM Karaoke Box no es el único ejemplo. Cada vez es más amplia la oferta de espacios de ocio tradicionalmente enfocados en experiencias colectivas que ahora destinan sus servicios también a particulares. Ir al cine, por ejemplo, ya no necesariamente implica meterse en una sala llena de gente con la que solo se comparte, como mucho, cierto gusto cinematográfico. La mayoría de cines ya reservan sus salas a grupos reducidos, desde grandes cadenas como Cinesa hasta negocios pequeños como Artistic Metropol. “Podemos llegar a hacer hasta 40 o 50 pases privados por semana”, destaca Ángel Mora, director ejecutivo y fundador de esta compañía que cuenta con dos salas de cine independiente en la capital.Lo que empezó siendo un plan B para el negocio ahora es su apuesta principal. “Tenemos muchos más alquileres privados que películas que ponemos en taquilla”, confirma Mora. Mientras salas de cine en toda España cierran por la baja afluencia de espectadores, el atractivo de la que él abrió hace 13 años ha crecido tanto que en 2024 inauguró un segundo local. “Ahora puedes alquilar una sala de cine entera por tan solo cinco euros por persona. Imagina la emoción de ver tu película favorita en una gran pantalla con calidad de imagen y sonido excepcionales, rodeado de tus amigos y seres queridos”, se vende Artistic Metropol en su web, incidiendo en ese gran aliciente de compartir el plan solo con gente que aprecias sin mezclarte con extraños. “Hemos hecho 27 peticiones de mano”, comparte Mora. Más ejemplos de hasta dónde llega la confianza de quienes alquilan sus salas: “Tenemos incluso un club nudista que hace sesiones”, cuenta riendo. “Obviamente con una toalla”, matiza.Buscar una explicación a esta nueva forma de ocio ciñéndose a lo viejo conocido sin arriesgarse a lo nuevo por conocer —sea bueno o malo—, en el impacto de las redes sociales o la pandemia parece la opción fácil para todo lo relacionado con las nuevas generaciones. Sin embargo, García confirma que tiene sentido. Si ya se puede hablar a todas horas con multitud de amigos de cualquier parte del mundo a través del móvil, parece lógico dedicar el tiempo libre de calidad a un círculo más acotado y estrecho, sin necesidad de buscar en un bar una relación que se puede encontrar a golpe de clic. Por otra parte, hay que recordar que las medidas de contención de la covid pillaron en plena etapa de aprender a relacionarse a toda una generación que ha normalizado otro modo de vivir el ocio. “La pandemia dio visibilidad a una nueva posibilidad de darse a conocer. Ya no está mal visto hacer este tipo de encuentros que son más virtuales o más reducidos o que tienen que ver más con el individualismo”, afirma García.También hay casos en los que este tipo de propuestas aparentemente destinadas a mantener las distancias con el exterior acaban promoviendo precisamente lo contrario. Las discotecas son conocidas como lugares donde relacionarse socialmente, aunque sea a gritos por el volumen de la música. Pero, ¿y en una discoteca donde todo el mundo lleva auriculares? Su uso suele ser la excusa perfecta en cualquier entorno para transmitir un: “No te esfuerces en hablarme que no te escucho”. Sin embargo, Antonio Alabort, coordinador de la plataforma de propuestas de ocio Salir en Valencia, asegura que a lo que incitan las veladas con auriculares de la discoteca valenciana Picca Club es al acercamiento entre desconocidos. “Los auriculares se iluminan con tres colores diferentes dependiendo del estilo musical. La gente suele estar bailando con su grupo, pero cuando suena algún tema específico o canciones más movidas, normalmente tira a acercarse al que está escuchando el mismo color que él”, explica. Para Alabort, el éxito de este tipo de fiesta que él denomina “discoteca silenciosa” radica en que las conversaciones entre extraños parten de un elemento común. “Al final, lo que hace es que te anima. No te cierras a tu grupo, sino que te abre porque estás desinhibido y empatizas con el que escucha lo mismo que tú, te hace ilusión”, sostiene. Quizás la cuestión no es que los jóvenes de ahora no estén tan interesados como los de décadas anteriores en conocer a gente, sino que han extendido esa tarea a otros entornos, como el virtual. Y no es que tengan más dificultades para relacionarse, sino que, simplemente, lo hacen con métodos diferentes. “No podemos pensar desde cómo nos educaron a nosotros porque la sociedad ha cambiado”, recuerda García: “Hay que medir mucho para no ser nostálgicos de nuestras formas y juzgar las suyas actuales”. Al final, esos jóvenes crecerán y cambiarán, y la oferta de planes para disfrutar del ocio, también.

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