
De todos los planes posibles para Nochevieja, Sergio Jiménez apostó por uno que lo condujo a la muerte en la casa donde vivía con su madre y su hermano en Vilanova i la Geltrú. Ocurrió en su habitación, durante una retransmisión por internet que consistía en que el hombre de 37 años tenía que tomar drogas mientras un grupo de personas, que habían pagado previamente por ver el espectáculo, observaba el efecto de la cocaína y el alcohol en su cuerpo. Esta historia, adelantada por El Periódico de Catalunya, la ha seguido en este periódico Jordi Pérez Colomé. Cuenta la existencia y el funcionamiento de estos grupos privados y los lugares virtuales donde se reúnen, aquellos en los que no existen las reglas ni los límites. Se habla de casinos, de criptomonedas, Telegram o de nombres de plataformas que desconocía hasta este recién empezado 2026. Habla de apuestas, de drogas, pero también de otras estimulantes sugerencias, como bajar a la calle en calzoncillos, masturbaciones grupales o usar heces propias como hidratante de día. Más informaciónVivimos en un país vertebrado por el chisme y el pasilleo, o eso quiero creer yo, que llevo desde que aprendí lo que era un sujeto y un predicado entregada al noble arte del cotilleo, propio y ajeno. Pendiente de cosas absurdas que no me competen ni me afectan, como la vida sentimental y profesional de gente a la que quiero y especialmente aquella que me importa un bledo o que detesto. España tiene eso y me gusta muchísimo, la capacidad de centrar su atención en la última andanza del famoso de turno, encumbrar a alguien para hacerlo caer con una velocidad pasmosa. Y luego está esto en lo que también vivimos. En una era de crueldad en la que hay personas -quizá demasiado generoso llamarlas así- a las que les divierte participar y financiar retos. “Alguien tiene el clip donde la palma?”, o “Sergio, si la has palmado de verdad manifiéstate como espíritu, y manda una señal al grupo aviator” son algunos de los mensajes que mandaron los espectadores de este reto. Jiménez, conocido en redes como Sancho, estaba en tratamiento psiquiátrico. Nos llevamos las manos a la cabeza cuando supimos que se pagaba por cazar personas en Sarajevo, y resulta que hay vecinos o conocidos que pagan 20 euros por ver a través de una pantalla el delirio hasta la muerte de una persona con problemas de salud mental. La línea que separa entre ser un chismoso y un miserable. Vomitivo.
La era de la crueldad | Televisión
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