La historia de la lucha contra la obesidad cambió de manera radical desde que, hace menos de una década, aparecieron las terapias GLP-1, con medicamentos como Ozempic, Wegovy o Mounjaro. Los fármacos son tan populares que han transformado la figura de numerosas celebrities, han arrasado en el mercado negro e incluso la Organización Mundial de la Salud los ha reconocido como esenciales para la humanidad y cree que deben estar “accesibles universalmente”. Pero la realidad es siempre más complicada que la narrativa del milagro. Un exhaustivo análisis publicado hoy miércoles en la revista The BMJ revisa 37 estudios con más de 9.300 participantes, y pincha definitivamente el globo de la esperanza de adelgazar sin ningún esfuerzo. El hallazgo es contundente: las personas que dejan de tomar estos medicamentos recuperan el peso perdido en menos de 1,7 años, a un ritmo medio de 0,4 kilogramos mensuales. Además, esta recuperación es significativamente más rápida de la que se observa tras abandonar programas convencionales de dieta y ejercicio, donde el retorno al peso inicial lleva casi cuatro años.La revisión de estudios publicada hoy muestra que, en los primeros doce meses tras suspender el tratamiento, las personas recuperan una media de 4,8 kilogramos si usaron cualquier medicamento, 6 kilogramos si utilizaron todos los agonistas de incretinas, como Exenatida, y 9,9 kilogramos si tomaron los fármacos más recientes y efectivos: semaglutida (como Ozempic o Wegovy) y tirzepatida (como Mounjaro).Quizá más preocupante que la ganancia de peso es el efecto de abandonar los fármacos sobre los marcadores de la salud cardiovascular y metabólica: los efectos beneficiosos sobre el colesterol elevado, los triglicéridos, la glucosa en ayunas y la presión arterial alta se revierten, y los indicadores de los pacientes regresan a donde partían en aproximadamente 1,4 años.Sam West, investigador de la Universidad de Oxford y autor principal del análisis, explica en declaraciones a este diario un hallazgo clave: “La velocidad de recuperación de peso dependía principalmente de cuánto peso se había perdido. Más pérdida de peso equivale a recuperación más rápida del peso. Por eso las personas recuperaban peso más rápido después de los agonistas de GLP-1: porque habían perdido más peso”.En otras palabras, parte de la diferencia entre recuperar peso tras usar medicamentos contra hacerlo después de una dieta se explica simplemente porque se pierde más peso con los fármacos. Pero esto no invalida el hallazgo central: la recuperación sigue siendo preocupantemente rápida.Lo verdaderamente problemático no es solo que haya recuperación de peso y que se reviertan los beneficios para la salud. Es que, incluso controlando por la cantidad de kilos perdidos, la recuperación es más rápida tras medicamentos que tras intervenciones conductuales.West subraya una limitación importante: para los medicamentos más nuevos y potentes —semaglutida y tirzepatida—, los datos de seguimiento tras suspender el tratamiento se limitan a aproximadamente 12 meses. Las proyecciones sobre recuperación en dos años se basan en extrapolaciones. “Solo uno de los 37 estudios incluidos proporcionó seguimiento de dos años después de interrumpir la medicación”, advierte. Aun así, el patrón es consistente en todos los estudios.Adam Collins, profesor de Nutrición en la Universidad de Surrey, ofrece una explicación que muchas de las farmacéuticas que fabrican estos medicamentos (y de las clínicas privadas que los ofrecen a precios desorbitados) no dejan claro a sus potenciales pacientes: proporcionar artificialmente niveles de GLP-1 muy superiores a lo normal durante meses puede hacer que el cuerpo produzca menos GLP-1 natural y sea menos sensible a sus efectos. “No hay problema mientras tomas los fármacos, pero en cuanto retiras este arreglo de GLP-1, el apetito deja de estar controlado y comer en exceso se vuelve mucho más probable. Como cualquier adicción, dejarlo de golpe es un verdadero desafío”, dice al portal científico SMC.Apoyo posteriorUna de las sorpresas del análisis es que los programas de apoyo conductual durante el tratamiento con medicamentos no redujeron la velocidad de recuperación posterior. West aclara el motivo: “Es posible que, como la medicación funciona para reducir el hambre, eso socave el valor de los esfuerzos conscientes de dieta y actividad física. Pero también necesitamos más datos evaluando qué tipo de apoyo a la conducta podría ser efectivo durante el tratamiento”. Y es que el medicamento hace el trabajo tan bien que las personas nunca aprenden a controlar su propio apetito. Y cuando la medicación desaparece, no tienen herramientas para hacerlo.John Wilding, catedrático de la Universidad de Liverpool y coautor de varios de los ensayos sobre estos fármacos, defiende una perspectiva más matizada. “La obesidad es una enfermedad crónica que suele recaer cuando se suspende el tratamiento. No esperamos que las intervenciones para otras enfermedades crónicas sigan funcionando cuando se interrumpen. No hay razón científica para que la obesidad sea diferente”, explica al SMC.Sin embargo, a diferencia de la diabetes o la hipertensión, donde los pacientes saben que necesitan medicación indefinida, la narrativa comercial sobre estos fármacos ha sido la de una solución temporal; una intervención. Wilding añade un dato: “Sabemos que las personas con alto riesgo de enfermedad cardiovascular tienen menos probabilidades de sufrir un evento adverso si toman fármacos basados en GLP-1 a largo plazo”. El problema es que en países como Estados Unidos, aproximadamente el 50% de las personas abandonan estos medicamentos en los primeros 12 meses. Por coste, efectos secundarios, o simplemente cansancio de las inyecciones.Qi Sun, profesor de la Universidad de Harvard, escribe un editorial en el mismo número de The BMJ, y es muy directo en sus conclusiones: “Los medicamentos para la pérdida de peso no deberían considerarse como balas mágicas para tratar la obesidad. Las prácticas dietéticas y de estilo de vida saludables deberían seguir siendo la base del tratamiento, con medicamentos usados como complementos, no como sustitutos”.Naveed Sattar, catedrático de Medicina Cardiometabólica de la Universidad de Glasgow, ofrece una perspectiva más optimista: “El uso continuado de estos medicamentos durante 3-4 años permite mantener un peso significativamente menor del que tendrían de otro modo, un beneficio que no suele observarse con pérdida de peso inducida por cambios en el estilo de vida”, dice al SMC. Pero reconoce que esto requiere acceso continuado y precios asequibles, algo que no está garantizado. West admite que una limitación crucial de este estudio es que se ha hecho con análisis clínicos: “Las condiciones en los ensayos son muy diferentes, y realmente necesitamos datos del mundo real para entender mejor las características de las personas que usan la medicación, la magnitud de la pérdida de peso, las tasas de abandono y las de recuperación de peso”.En cualquier caso, los datos indican que no existen milagros y que una dieta sana y ejercicio siguen siendo vitales para luchar contra la obesidad. Sun concluye: “Las prácticas dietéticas y de estilo de vida saludables deberían seguir siendo la base del tratamiento y manejo de la obesidad y deberían implementarse medidas efectivas de salud pública, como la tributación sobre bebidas azucaradas, el etiquetado claro de alimentos y subsidios para frutas y verduras frescas, para facilitar la mejora de la calidad de la dieta”.

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