Colombia podría ser el mayor ganador de la inédita reorganización política en la región a raíz de la operación militar de EE.UU en Venezuela: el aumento del comercio, la estabilización de la frontera y la reducción del flujo migratorio son apenas unas de las consecuencias que se darían a favor de Colombia si Venezuela inicia un proceso progresivo hacia un sistema más abierto y democrático empujado por EE.UU. Pero la partida más importante para el futuro del país es la ventana de oportunidad para reordenar la arquitectura de seguridad regional y enfrentar de manera eficaz varias amenazas que lleva décadas consolidándose como organizaciones criminales transnacionales en la frontera.La coyuntura actual altera de manera sustantiva el tablero de seguridad regional. El uso directo de la fuerza por parte de Estados Unidos contra objetivos en Venezuela rompe supuestos que durante años estructuraron el comportamiento de los actores estatales y no estatales en la región.  LEA TAMBIÉN Para Washington, el combate al narcotráfico y a las economías criminales transnacionales deja de ser solo un problema de cooperación policial y pasa a integrarse explícitamente en su lógica de disuasión estratégica hemisférica. Para Venezuela, inmersa en un proceso de recomposición de poder y legitimidad tras la captura de Maduro, surge un incentivo inédito: demostrar control efectivo del territorio y reducir la tolerancia —explícita e implícita— frente a actores armados ilegales que erosionan cualquier intento de normalización internacional. Colombia, por su parte, se enfrenta a un entorno en el que la ambigüedad ya no es sostenible: la redefinición de reglas por parte de EE. UU. y la presión sobre Caracas obligan a recalibrar su política de seguridad fronteriza, pues los grupos armados y narcotraficantes operan ahora bajo un mayor riesgo de intervención externa y con menores márgenes de maniobra política.Nicolás Maduro Guerra y su padre, el capturado Nicolás Maduro Moros. Foto:Archivo particularSi Venezuela se compromete a hacer de yunque, Colombia le sobra la experiencia y capacidad de ser martillo.En la realidad, las organizaciones criminales transnacionales controlan el territorio de frontera con Venezuela. Estamos hablando de Hezbollah, la Segunda Marquetalia y de manera especial, el ELN que tiene su eje de gravedad en el vecino país, aliados con las estructuras de poder político y militar vigentes. Tan solo en el Catatumbo, el ELN controla una extensión de cultivos de coca equivalentes a lo que había en todo el país al final del gobierno Uribe.Los criminales se sostienen gracias a la porosidad de la frontera, a la existencia de santuarios logísticos y a la ausencia de una estrategia coordinada entre los Estados afectados. Mientras esa retaguardia estratégica no sea neutralizada, cualquier esfuerzo exclusivamente nacional será insuficiente.Colombia debería tomar la iniciativa de un plan de campaña que con apoyo estratégico de Estados Unidos y participación verificable de Venezuela, tenga como objetivo desarticular las estructuras multicriminales en la frontera colombo-venezolana.  LEA TAMBIÉN Un plan que incluya:• Definición clara del objetivo estratégico: neutralizar la retaguardia logística, financiera y territorial de esas organizaciones en zonas fronterizas.• Mecanismos formales de coordinación operativa, con reglas de enfrentamiento acordadas y respeto estricto a la soberanía de cada Estado.• Apoyo estadounidense en inteligencia, vigilancia, reconocimiento y capacidades técnicas, sin despliegue directo de fuerzas de combate.• Operaciones simultáneas y complementarias en ambos lados de la frontera, evitando el repliegue táctico hacia santuarios seguros.• Componente de estabilización posterior, con presencia institucional sostenida del Estado colombiano en los territorios recuperados, con especial énfasis en la construcción de carreteras, interconexión eléctrica y sistemas asociativos entre campesinos y sector privado en sectores productivos que sustituyan la coca.Caricatura de Nicolás Maduro en su primera audiencia. Foto:JANE ROSENBERGColombia ya demostró, con la Fuerza de Tarea Omega, que atacar la retaguardia estratégica de un actor armado ilegal produce efectos decisivos cuando existe continuidad política y claridad estratégica. Fue una experiencia exitosa de fuerzas conjuntas, coordinadas e interagenciales que cambiaron la dinámica de la guerra. Y tuvo el apoyo decidido de EE.UU. Omega fue concebida para identificar y atacar el centro de gravedad de las FARC, que no estaba en la suma de sus frentes armados, sino en un sistema estratégico integrado por un control territorial profundo, libertad de maniobra, seguridad del mando y una retaguardia logística protegida por la geografía y por la ausencia sostenida del Estado en el sur del país. Mientras ese sistema permaneciera intacto, la organización podía absorber pérdidas tácticas sin comprometer su capacidad estratégica.Omega alteró ese equilibrio al concentrar el esfuerzo del Estado sobre ese punto decisivo. Al hacerlo, incrementó la fricción, redujo el tiempo estratégico del adversario y erosionó progresivamente su voluntad de lucha. Un elemento clave de este proceso fue la negación sistemática del territorio santuario de las FARC. Por primera vez en décadas, el Estado demostró que no existían espacios permanentemente vedados para su acción legítima. Al perder el santuario, perdieron la iniciativa, se fragmentaron y entraron en una fase de degradación estratégica irreversible. La negociación posterior fue consecuencia de esa derrota estratégica previa. LEA TAMBIÉN Adicionalmente, el modelo de maniobra de guerra irregular “Yunque y Martillo” en el contexto colombiano se probó de manera exitosa en esos entornos selváticos y de alta complejidad, como es también la frontera colombo venezolana, donde tenemos el macizo montañoso de la Serranía de los Motilones y la del Perijá y los corredores de movilidad de los ríos Catatumbo y Arauca. Las fuerzas terrestres y ribereñas obligan a reaccionar, exponerse o concentrarse (Yunque), al mismo tiempo que las fuerzas de maniobra móviles y con gran capacidad ofensiva ejecutan los ataques decisivos una vez el enemigo está fijado (Martillo).Colombia tiene hoy la posibilidad de transformar una crisis internacional en una iniciativa estratégica que fortalezca su seguridad, su posición regional y la legitimidad de su Fuerza Pública. No hacerlo implicaría aceptar la consolidación definitiva de actores armados transnacionales en nuestras fronteras.En seguridad y defensa, las crisis no se administran: se resuelven con estrategia. Si Colombia no toma la iniciativa en este momento, otros lo harán por nosotros, como lo demostró EE.UU en Venezuela. Y en ese escenario, el costo no será político ni diplomático: será en vidas humanas.JORGE MARIO EASTMANEx Viceministro de DefensaPara EL TIEMPO

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