
Bajo la montaña de mentiras que Donald Trump vierte a diario subyace esta verdad, que refrenda con sus hechos y puede resumirse en tres palabras: “Voy a por ustedes”. Dentro de ese ustedes caben los votantes del Partido Demócrata, la democracia en sí misma, la población trans y todas las naciones castigadas con aranceles. Por supuesto, caben Gaza, Cuba, Groenlandia, Colombia, los minerales críticos de Ucrania, Maduro… Y caben Pedro Sánchez, los 11 magistrados y fiscales del Tribunal Penal Internacional sancionados por EE UU tras investigar el posible genocidio de Israel y crímenes perpetrados en Irán; los brasileños no afines a Bolsonaro, los argentinos que no voten a Milei, Francesca Albanese, relatora de la ONU para los territorios palestinos, también sancionada, los desamparados beneficiarios de los fondos USAID, ya cancelados… Y quién sabe si algún día no irán a ese mismo saco sus posibles sucesores, Marco Rubio y J. D. Vance.Preguntémonos, entonces, cómo pararlo.El pasado 2 de septiembre la Casa Blanca difundió las primeras imágenes del hundimiento de una supuesta “narcolancha” frente a las costas de Venezuela, donde murieron 11 supuestos “narcotraficantes” sin ningún supuesto juicio. Al día siguiente, Maduro no aludió directamente al ataque. Pero se marcó un discurso en torno a la presión militar que ejercía Trump y un bailecito con una canción de Rubén Blades, Tiburón, que se había convertido en Latinoamérica en una especie de himno contra el imperialismo desde que se publicó su álbum, Canciones del solar de los aburridos, en 1981. La letra reza: “Si lo ven que viene, palo al tiburón”.El tiburón lleva más de un año llenando el mundo de rencor, polución y sangre. Y el palo no se ve por ninguna parte, mucho menos en Caracas. El lenguaje chavista está cargado de expresiones militares, al estilo de “Patria o muerte, ¡venceremos!” o “dudar es traición”. Imaginen lo que son 27 años taladrando los cerebros de los 28 millones de venezolanos con ese con ese fraseo estirado y épico, de los mítines chavistas, en cientos de conmemoraciones por aniversarios de batallas, reportajesy discursos: “La primera combatiente… [en alusión a la esposa de Maduro, Cilia Flores]”. “Estamos firmes en la lucha…”, ¡Aquí no se rinde nadie!”, “Estamos rodilla en tierra”, “Leales siempre, traidores nunca”… Y todo eso, para que ahora Trump diga que él está al mando de Venezuela sin que nadie rechiste. Prietas las filas, pero bien quietas. Tal vez sea lo más sensato, pero no lo más congruente. Nadie se mueve tampoco fuera de Venezuela. La ONU y la Unión Europea no han ido más allá de declaraciones retóricas. El secretario general de la OTAN, el holandés Mark Rutte, mantiene un estruendoso silencio cada vez que Trump amenaza con tomar Groenlandia, isla perteneciente a Dinamarca, país miembro de la organización. Rutte no se planta y tampoco dimite. Solo ayuda a extorsionar a los países de la Unión Europea para que aumenten sus compras de armas a EE UU. Y lo hace con el pretexto de que hay que aumentar la inversión en la Alianza. Pasará a la historia como el pelele que llamó Papi a Trump, como el hombre al que el emperador ridiculizó publicando un mensaje privado de WhatsApp. El Reino Unido se limita a decir algo parecido a “yo con esto de Venezuela no tengo nada que ver”. China, el otro gran depredador, ha condenado el ataque, pero nada le hará desviarse de su propia carrera armamentística. Actuará cuando vea que ha llegado su momento. Y Rusia no dará un paso sin China.Así pues, ¿quién puede frenar al “puto amo”, que diría Martín Caparrós? Veamos:¿Los jueces federales? No tan fácil. En junio de 2025, una sentencia clave del Tribunal Supremo limitó la capacidad de estos jueces para emitir mandatos nacionales. Ahora, sus resoluciones suelen aplicarse solo en el Estado o distrito del juez que las dicta. Se acabaron los tiempos en los que un juez de California podía bloquear una política que afectaba a todo el país. ¿Los jueces del Tribunal Supremo? Nunca se sabe. Pero de los nueve miembros de esta Corte, seis son conservadores y a tres de ellos los designó el propio Trump. Ojalá les dé un ataque de orgullo patrio y remen a favor de la democracia. Pero, en caso de duda, léase de nuevo el párrafo anterior: “En junio de 2025, una sentencia clave del Tribunal Supremo limitó la capacidad de estos jueces federales”, etc. ¿Las elecciones de mitad de mandato, previstas para el próximo noviembre? Eso suena mejor. Si los comicios de noviembre de 2026 aportaran una victoria contundente para los demócratas, lo que en EE UU se conoce como una “ola azul”, el poder de Trump quedaría mermado (ya veríamos en qué medida) ante aventuras colonialistas. La arquitectura de la Administración estadounidense, que Trump se empeña en socavar, está diseñada precisamente para que el Congreso funcione como freno de mano ante un presidente lanzado. Y esto nos lleva al siguiente punto:¿La economía? Una frase atribuida a Juan Domingo Perón sostiene que el órgano o la víscera más sensible del hombre es el bolsillo. Aunque la inflación cerró diciembre de 2025 en Estados Unidos con un 2,7% —frente a las previsiones del 3,1%—, la amenaza del aumento de precios persiste. Analistas de J. P. Morgan advierten de que la política de aranceles podría empujar la inflación hacia el 3,5% en el segundo semestre de 2026.La asequibilidad (affordability) ha sido la palabra del año en Estados Unidos. Sobre ella ha cabalgado el joven Zohran Mamdani hacia la alcaldía de Nueva York. La gente aspira a algo tan poco peliculero como llegar a fin de mes o comprar una vivienda. Si la inflación se dispara, si la burbuja de la Inteligencia Artificial se desinfla las elecciones de medio término podrían castigar a Trump. Está claro que el palo al tiburón no vendrá de la indignación internacional, sino del atribulado votante de Ohio, disgustado porque su camioneta nueva cueste 5.000 dólares más por culpa de los aranceles. Pero todo esto no son más que proyecciones, nubes en el horizonte. Ninguna fuerza clara se opone ahora al tiburón. Quizás…¿Los MAGA descontentos? No parece. Aunque el caso del pederasta Epstein sigue ahí y Trump se pone muy nervioso cada vez que los demócratas del Congreso publican fotos de ambos juntos, la mayoría de estos ultras han cerrado filas con el líder supremo ante la barbarie de Venezuela. Da la sensación de que realmente Trump podría matar a cualquier persona en la Quinta Avenida y no le pasaría nada. Así que solo nos va quedando esta opción para frenarlo:¿Él mismo? ¿Su propia voracidad? Hasta ahora Trump ha logrado salir de Irán y de Venezuela, sin ninguna baja, con vídeos donde el enemigo siempre aparece humillado. En Venezuela ha causado al menos 80 muertos, según The New York Times. Pero si continúa tratando el mapa como un tablero de Monopoly sangriento, puede estallarle un Vietnam donde menos lo espera. Un error de cálculo en las selvas de Colombia o una resistencia inesperada en las calles de Caracas podrían dar el vuelco al tablero. Sabemos que los helicópteros Black Hawk son muy poderosos en la guerra, casi invencibles. Pero también nos consta que pueden ser derribados, como sucedió en Mogadiscio (Somalia) en 1993. Al honesto ciudadano de Ohio no le gustaría recibir el cuerpo de su hijo en un ataúd envuelto en barras y estrellas. Un Vietnam no sería bueno para nadie, salvo para Netflix. Mientras tanto, el tiburón avanza, impune, hacia nosotros. Y no se trata de ninguna película.
¿Quién puede detener al tiburón?
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