Doce días después de la intervención militar en Venezuela para capturar en Caracas al presidente venezolano, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, y también, de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, echara un jarro de agua fría sobre las esperanzas de la líder de la oposición y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, ambos se vieron este jueves las caras en la Casa Blanca. Machado llegó al recinto vestida de blanco y por una puerta lateral a eso del mediodía. Lo hizo al día siguiente de que Trump declarara en un encuentro con la prensa que considera a la líder chavista Delcy Rodríguez, presidenta interina, una “persona estupenda”, y de añadir que Estados Unidos “trabaja muy bien con ella” desde que esta, vicepresidenta con Maduro, tomó los mandos de Venezuela con la bendición de la Casa Blanca. La reunión terminó algo más de dos horas después de la llegada de Machado a la Casa Blanca, que se acercó entonces a unos simpatizantes concentrados en las inmediaciones, y les dijo: “Contamos con el presidente Trump para la liberación de Venezuela”. El mismo día del ataque por sorpresa que acabó con el autócrata chavista y su esposa sentados en el banquillo de un tribunal federal de Nueva York acusados de delitos de “conspiración narcoterrorista”, y para traficar con cocaína y armas, el presidente de Estados Unidos dejó claro que no considera a la líder opositora como la persona idónea para liderar una transición en Venezuela en la que el propio Trump se ha reservado un papel central. Este jueves, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo que el presidente de Estados Unidos seguía dudando de la capacidad de Machado para suceder a Maduro: “Es una postura realista y no ha cambiado”. “[Trump] estaba deseando que se celebrara esta reunión y esperaba que fuera una conversación buena y positiva, porque [ella] es una voz verdaderamente notable y valiente para muchos venezolanos”, añadió acerca del encuentro con la líder opositora. Sobre Rodríguez, recordó que “[Trump] habló directamente con ella esta semana”. “Y el secretario de Estado [Marco] Rubio y la Administración han estado en constante comunicación con Rodríguez y con otros miembros del Gobierno interino en Venezuela. Han sido extremadamente cooperadores. Hasta el momento, han cumplido con todas las demandas y solicitudes de Estados Unidos y del presidente”.Mientras Leavitt hablaba con los medios, la reunión entre Trump y Machado tenía lugar en un salón secundario de la Casa Blanca, el comedor adyacente al Despacho Oval. Tomó la forma de un almuerzo de trabajo a puerta cerrada, al que estaba previsto que siguiera una visita por la tarde al Capitolio. La duda era si Machado logrará hacer valer en el cara a cara el papel de la oposición en los planes de Washington de tutelar el país sudamericano y de hacerse cargo de su petróleo.La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez antes de comparecer en rueda de prensa. Foto: REUTERS/Leonardo Fernandez ViloriaLa líder ha tratado de poner buena cara a esos desplantes y ha trabajado por propiciar la reunión de este jueves, en la que se jugaba mucho: necesitaba convencer al republicano de que no es una buena idea permitir a Rodríguez, su gran enemiga, seguir en el poder tras meses en los que Machado abogó por una intervención militar y prefirió no criticar las ejecuciones extrajudiciales de tripulantes (más de 100) de supuestas narcolanchas en el el Caribe. Sus deseos se cumplieron finalmente el 3 de enero, pero vinieron acompañados de la decepción de escuchar la siguiente frase al inquilino de la Casa Blanca: “[Machado] No cuenta con el apoyo ni con el respeto dentro del país”.Esta, según su oficina de prensa, llegó a Washington para trasladar a Trump la “gratitud del pueblo venezolano por su apoyo inquebrantable a la democracia y la justicia en el país”, así como para pedirle que “abogue por la liberación de todos los presos políticos”. En una entrevista con Reuters, el republicano definió este miércoles a su invitada como una “mujer agradable”, y auguró que durante la reunión hablarán “de lo básico”. María Corina Machado, en Noruega, el 11 de diciembre de 2025.HEIKO JUNGE (EFE)Ella se ha mostrado dispuesta hasta a compartir con Trump el Nobel de la Paz, que recogió el pasado diciembre en Oslo. El presidente de Estados Unidos vive obsesionado con la idea de que se merece ese galardón, porque considera que ha acabado con “ocho o nueve guerras”, aunque esa consideración sea otra prueba de su conflictiva relación con la verdad.Sobre la posibilidad de recibir ese agasajo de Machado, a la que rara vez la llama por su nombre, Trump ha declarado que cuenta con que la política opositora venezolana le ofrezca su galardón. También, que planea aceptarlo, pese a que el Comité Nobel ya ha advertido a ambos de que no es transferible.La decisión de Trump de relegar a Machado da la idea de que la Casa Blanca ha optado por pasar la página de los resultados electorales de las presidenciales venezolanas de 2024, que según una mayoría de informes internacionales ganó ampliamente Edmundo González Urrutia, candidato de Machado (que no se pudo presentar porque estaba inhabilitada). Maduro se negó a reconocer esa derrota.A estas alturas, no está claro si Estados Unidos cuenta con convocar una nueva cita con las urnas, ni cuándo o cómo podría tener lugar. Todas esas preguntas estuvieron a buen seguro sobre la mesa este jueves en la Casa Blanca.
Trump recibe con perfil bajo a María Corina Machado horas después de ensalzar a la chavista Delcy Rodríguez
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